Cuando iniciamos los preparativos de nuestra travesía a Alaska, a Walter se le ocurrió (con acertado criterio), que lleváramos algunas remeras de la Selección Argentina de Futbol, a modo de instrumento útil, de manera tal que las pudiéramos utilizar como recuerdo de nuestro paso con quienes tomáramos contacto, ya sea por las buenas o por las malas. Y vaya si sirvieron… ya que, por ejemplo, en Nicaragua, los Guardas Fronterizos, nos “expropiaron” dos, para dejarnos pasar los repuestos de la Toyota.
De esta manera, partimos desde Argentina, con nuestra carga de remeras, las cuales fueron cumpliendo su objetivo a lo largo del viaje. Regalamos algunas a gente que se nos acerco, curiosa, por nuestro vehículo y nuestro viaje, y otras la “regalamos” contra nuestra voluntad, en aras de la hermandad latinoamericana, como moneda de pago de “impuestos” en diferentes fronteras.
Así, una vez finalizada la travesía en San Francisco, California, Walter empaco nuestras cosas, para mandarlas de regreso a Chile, donde recuperamos posteriormente la camioneta. Y allí recupere en una bolsa negra las remeras sobrantes, pensando que en alguna travesía, encontraría a quien regalarlas.
En Diciembre 2010 tuve la oportunidad de hacer una travesía al norte, con mis amigos Marcos Ocampo y Lucas Mac Dermott. La idea fue recorrer los bordes de la cordillera, desde La Rioja a Jujuy. Al salir de Buenos Aires, llevábamos para donar 4 bolsas de consorcio llenas de ropa, golosinas, útiles escolares y las “viajadas camisetas de la selección” que habían sobrado, en su bolsa negra…
Recorriendo la zona, alejadísima de todo centro poblado, la poca gente que hay es pobre de toda pobreza, y cualquier cosa que se les acerque siempre es bienvenida. En nuestra primera parada (Chamical, La Rioja) dejamos la primer bolsa de ropa.
A partir de allí, con los ojos bien abiertos buscando donde dejar el resto, seguimos hacia el norte (y hacia el cielo, ya que rozamos los 5000m de altitud). Pasamos por Tinogasta, Fiambalá, Anillaco, Londres, Belén, El Eje, Hualfín, El Peñón, Antofagasta de la Sierra, Salar de Pocitos y decenas de caseríos cuyos nombres es difícil recordar. La idea era dejar las donaciones en la escuela del pueblo o en la capilla, porque si se dejan en la intendencia terminan vendiéndose. Después de muchas vueltas y muchos intentos fallidos (no encontrábamos gente en ningún lado), llegamos al pueblo de Olacapato. Un caserío en el medio de la nada a 4500 metros sobre el nivel del mar, que supo ser importante estación de tren y talleres del Ramal C-14. Ahora, prácticamente abandonado.
Por enésima vez, bajamos la marcha, y a instancias de Lucas entramos al poblado. Al pasar por la capilla/escuela, por fin encontramos gente. Había unas monjitas dando catequesis en el atrio a los chicos del lugar. Bajamos la ropa, los útiles y... la bolsa negra con las camisetas de la selección. Problema: son unas pocas camisetas, son un montón de chicos. ¿Cómo hacemos? Y bueno, me dice la monjita, podemos organizar juegos para que se las ganen... Bueno, contá los chicos que yo cuento las camisetas... Viene la monja... Son 13 chicos. Por primera vez contamos las casacas... SON 13 CAMISETAS!!!!! No saben las caras de los chicos (uhhhh!!! la de Messi!!). Encima, el miércoles 8 en la fiesta de la Virgen del Valle (no saben lo devota que es la gente allá!) jugaban el desafío contra el vecino pueblo de Catua... y por primera vez lo iban a hacer todos con la misma remera… Y ENCIMA LA DE LA SELECCIÓN ¡!!.
Bue, la cosa es que dejamos la ropa, las camisetas, útiles, biromes (no saben cómo estaban con las biromes, lejos el tesoro más preciado), golosinas, etc. Los chicos felices y súper agradecidos. Cuestión que le cuento a la monjita algo así como "no lo puedo creer, lleve estas remeras hasta Alaska, las recupere en Chile, y camino hasta aquí pasamos como por 40 pueblos y no pudimos dejar nada, llegamos a este y hay 13 chicos, nosotros venimos paseando las camisetas por la puna, llegamos justo a la hora que están acá (15 minutos después, no encontrábamos a nadie), contamos las camisetas y no son ni 12 ni 14, ¡¡qué increíble coincidencia!!
Y la monjita, muy segura de sí misma, expresando su profunda fe, me contesta...
"El Señor sabe..."
Dr. Marcelo R. Adaro





Cuando iniciamos los preparativos de nuestra travesía a Alaska, a Walter se le ocurrió (con acertado criterio), que lleváramos algunas remeras de la Selección Argentina de Futbol, a modo de instrumento útil, de manera tal que las pudiéramos utilizar como recuerdo de nuestro paso con quienes tomáramos contacto, ya sea por las buenas o por las malas. Y vaya si sirvieron… ya que, por ejemplo, en Nicaragua, los Guardas Fronterizos, nos “expropiaron” dos, para dejarnos pasar los repuestos de la Toyota.
De esta manera, partimos desde Argentina, con nuestra carga de remeras, las cuales fueron cumpliendo su objetivo a lo largo del viaje. Regalamos algunas a gente que se nos acerco, curiosa, por nuestro vehículo y nuestro viaje, y otras la “regalamos” contra nuestra voluntad, en aras de la hermandad latinoamericana, como moneda de pago de “impuestos” en diferentes fronteras.
Así, una vez finalizada la travesía en San Francisco, California, Walter empaco nuestras cosas, para mandarlas de regreso a Chile, donde recuperamos posteriormente la camioneta. Y allí recupere en una bolsa negra las remeras sobrantes, pensando que en alguna travesía, encontraría a quien regalarlas.
En Diciembre 2010 tuve la oportunidad de hacer una travesía al norte, con mis amigos Marcos Ocampo y Lucas Mac Dermott. La idea fue recorrer los bordes de la cordillera, desde La Rioja a Jujuy. Al salir de Buenos Aires, llevábamos para donar 4 bolsas de consorcio llenas de ropa, golosinas, útiles escolares y las “viajadas camisetas de la selección” que habían sobrado, en su bolsa negra…
Recorriendo la zona, alejadísima de todo centro poblado, la poca gente que hay es pobre de toda pobreza, y cualquier cosa que se les acerque siempre es bienvenida. En nuestra primera parada (Chamical, La Rioja) dejamos la primer bolsa de ropa.
A partir de allí, con los ojos bien abiertos buscando donde dejar el resto, seguimos hacia el norte (y hacia el cielo, ya que rozamos los 5000m de altitud). Pasamos por Tinogasta, Fiambalá, Anillaco, Londres, Belén, El Eje, Hualfín, El Peñón, Antofagasta de la Sierra, Salar de Pocitos y decenas de caseríos cuyos nombres es difícil recordar. La idea era dejar las donaciones en la escuela del pueblo o en la capilla, porque si se dejan en la intendencia terminan vendiéndose. Después de muchas vueltas y muchos intentos fallidos (no encontrábamos gente en ningún lado), llegamos al pueblo de Olacapato. Un caserío en el medio de la nada a 4500 metros sobre el nivel del mar, que supo ser importante estación de tren y talleres del Ramal C-14. Ahora, prácticamente abandonado.
Por enésima vez, bajamos la marcha, y a instancias de Lucas entramos al poblado. Al pasar por la capilla/escuela, por fin encontramos gente. Había unas monjitas dando catequesis en el atrio a los chicos del lugar. Bajamos la ropa, los útiles y... la bolsa negra con las camisetas de la selección. Problema: son unas pocas camisetas, son un montón de chicos. ¿Cómo hacemos? Y bueno, me dice la monjita, podemos organizar juegos para que se las ganen... Bueno, contá los chicos que yo cuento las camisetas... Viene la monja... Son 13 chicos. Por primera vez contamos las casacas... SON 13 CAMISETAS!!!!! No saben las caras de los chicos (uhhhh!!! la de Messi!!). Encima, el miércoles 8 en la fiesta de la Virgen del Valle (no saben lo devota que es la gente allá!) jugaban el desafío contra el vecino pueblo de Catua... y por primera vez lo iban a hacer todos con la misma remera… Y ENCIMA LA DE LA SELECCIÓN ¡!!.
Bue, la cosa es que dejamos la ropa, las camisetas, útiles, biromes (no saben cómo estaban con las biromes, lejos el tesoro más preciado), golosinas, etc. Los chicos felices y súper agradecidos. Cuestión que le cuento a la monjita algo así como "no lo puedo creer, lleve estas remeras hasta Alaska, las recupere en Chile, y camino hasta aquí pasamos como por 40 pueblos y no pudimos dejar nada, llegamos a este y hay 13 chicos, nosotros venimos paseando las camisetas por la puna, llegamos justo a la hora que están acá (15 minutos después, no encontrábamos a nadie), contamos las camisetas y no son ni 12 ni 14, ¡¡qué increíble coincidencia!!
Y la monjita, muy segura de sí misma, expresando su profunda fe, me contesta...
"El Señor sabe..."